Para quienes comparten el dolor de lo ocurrido en Sucumbíos, las personas y colectivos solidarios y principalmente, para Lucía…

Antes de enfrentar directa y concretamente el reto de escribir una presentación para este blog y sus empeños, la tarea parecía sencilla…

Hace algunas semanas decidimos abrir este espacio como uno más para no olvidar que el 1 de marzo de 2008 el Estado colombiano asesinó a mansalva a 25 personas en Sucumbíos, territorio de Ecuador, mediante dos bombardeos y la incursión de tropas aerotransportadas que llegaron esa madrugada disparando a quienes habían quedado con vida.  Entre las víctimas de aquellos crímenes de lesa humanidad están Verónica Natalia Velázquez Ramírez, Juan González del Castillo, Soren Ulises Avilés Ángeles y Fernando Franco Delgado, estudiantes mexicanos de la UNAM y el IPN, quienes se encontraban, junto con la también estudiante Lucía Andrea Morett Álvarez, en un campamento guerrillero que se destacaba por ser una instancia de relaciones diplomáticas y de búsqueda de una salida negociada y humanitaria al largo conflicto colombiano, realizando labores de investigación académica y social, que no implicaban la comisión de ningún delito.

El tema es hablar de algunas de las razones que mueven el esfuerzo de relanzar un modesto canal por el que puedan circular las noticias y que lleve las voces acalladas en los grandes medios “informativos”, particularmente en lo relacionado con lo sucedido ese 1 de marzo. El espacio es para ellos, para los estudiantes que fueron asesinados al querer escuchar una de las voces de la compleja y dolorosa historia de Colombia y Latinoamérica. Pero sobre todo, este espacio es para Lucía, quien al lado de dos jóvenes mujeres colombianas sobrevivió herida al ataque y quien fue violentamente agredida por la tropa colombiana y por algunos agentes del ejército de Ecuador coludidos con los invasores.

Mediante un vídeo que hizo público el propio Estado agresor, los culpables del ataque pretendieron dar una muestra de su actuar “humanitario” al dejar a Lucía con vida e intentaron mostrar como legales sus injustificables acciones criminales. Desde marzo de 2008 a Lucía no se le ha dejado en paz, se le ha perseguido políticamente mediante infundados procesos judiciales en México, Ecuador, y en Colombia se solicitó a la INTERPOL su detención internacional.  Así, desde posiciones de poder se han podido invertir los papeles, a Lucía se le ha criminalizado por ser testigo de la masacre y por denunciar las atrocidades que cometió la soldadesca bajo las órdenes del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, con lo que se siguen violentando sus derechos humanos mientras, los delincuentes son condecorados y están en los más altos cargos públicos de Colombia.

Debemos hablar también de sentires no siempre comprendidos por las racionalidades autodenominadas “correctas, civilizadas…” En tal sentido, queremos recuperar la anécdota de quien, desde una posición honesta, cercana y hasta comprensible, ha llegado a manifestar la creencia de que “sería mejor una injusta prisión”, con una condena claramente establecida, a la persecución incansable y asfixiante que se prolonga por más de cuatro años ya contra Lucía Morett, ella la única sobreviviente mexicana de aquel ataque alevoso e impío. Esta postura refleja el desespero de una vida truncada en vida, ni más ni menos: tan importante y digna como el reclamo de justicia para los cuatro jóvenes mexicanos, los más de veinte colombianos y el ecuatoriano asesinados con lujo y alarde de poder e impunidad, a tal grado que vida y libertad son proscritas, y parece no haber poder humano capaz de frenar, reglamentar o moderar al perseguidor, erigido en juez y parte.

Víctima de las bombas, de soldados que la ataron y simularon darle atención médica, de militares que la interrogaron mientras, sin anestesia, extraían esquirlas de su cuerpo, Lucía también es víctima de calumnias y de una persecución judicial en tres países. En Colombia es perseguida por un sistema judicial que se ensaña con defensores de derechos humanos, con campesinos y estudiantes, diseñado además para obstaculizar la defensa de perseguidos por razones políticas. En Ecuador es buscada por una Fiscalía que incapaz de enjuiciar a los responsables de atacar su territorio y asesinar a uno de sus ciudadanos, vuelca sus esfuerzos carcelarios contra una de las víctimas y testigo de las agresiones cometidas por un ejército extranjero contra el propio Estado ecuatoriano. En México es por una parte, la extrema derecha asociada al gobierno y al entonces presidente de Colombia Álvaro Uribe, del que son “socios” como ellos mismos presumen, y por otra la Procuraduría General de la República, donde se mantiene una averiguación que en lugar de investigar para hacer justicia por los cuatro estudiantes mexicanos asesinados y el intento de homicidio contra Lucía, la trata como si fuese verdugo y no víctima.

Privilegiar desde la buena voluntad la abdicación de la libertad proyecta el objetivo de que la propia víctima viva considere y ceda a la presión del acoso, y se rinda, la revienten, la quiebren.

Lo más duro es endurecerse sin perder la ternura ni la brújula. Es momento de que te digamos, Lucía, todo lo presente que estás en lo que hacemos y que esto, aunque parezca poco frente a los despliegues de gobiernos nacionales, organizaciones policíacas internacionales o tendencias ideológicas ultraconservadoras multinacionales, contiene un germen indestructible de honestidad, de solidaridad, de cariño y más. Decir “por ti, Lucía”, es decir contigo y junto a ti, con todas y todos aquellos que han resistido las injusticias más brutales y a pesar de ello siguen y seguirán sin agachar la cabeza ante los efímeros verdugos de hoy.

Esa tu entereza, tu valor y tu fortaleza, son de lo más necesario para nuestro lugar y nuestros tiempos. A emular y a arrimar el hombro es que nos disponemos, con la confianza de que más temprano que tarde asumas directamente la dirección, tonos y rumbos de este espacio, de tu defensa, del justo castigo para los asesinos de tus compañeros, del camino hacia esa realidad digna, justa y libre por la que desde la universidad, el teatro y el cotidiano has luchado siempre.

EDITORIAL, Marzo-Abril de 2012

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