A tres años del bombardeo en Sucumbíos (2011).

Miguel Ángel Granados Chapa (publicado en la columna semanal Plaza Pública, 2011)

Mañana (1 de marzo de 2011), se cumplen tres años del ataque de tropas colombianas a un paraje en la república del Ecuador, que produjo la muerte de 25 personas, entre ellas los estudiantes mexicanos Verónica Natalia Velázquez Ramírez, Soeen Ulises Avilés Ángeles, Juan González del Castillo y Fernando Franco Delgado, así como severas lesiones a Lucía Morett.

A pesar de ser víctima de esa agresión a un territorio extranjero, Lucía Morett se convirtió en perseguida de la justicia en Colombia y Ecuador. En México ha sido denunciada por su presunta vinculación a las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, sobre uno de cuyos campamentos se cebó el ataque. El blanco escogido por el gobierno de Bogotá era sólo provisional, y resultaba de la porosidad de la frontera entre los dos países, que permitía a la guerrilla -a la que se liga con bandas del narcotráfico-entrar y salir de Colombia. En vez de haber sido protegida por su gobierno, como están obligadas las autoridades cuando sus nacionales enfrentan dificultades en el extranjero, Morett ha sido hostigada de varios modos por el gobierno mexicano. Una de esas maneras consiste en demorar el trámite de la averiguación previa en su contra, de suerte que la tiene en vilo respecto del probable inicio de una acción penal en su contra.

Recientemente, el diario La Jornada publicó un documento emitido por la embajada nortemaericana en México, donde se desestima la acusación colombiana y se admite como verdadera la versión del grupo de mexicanos afectados por aquella agresión. Habían acudido a Quito a una reunión del movimiento bolivariano que auspicia el gobierno de Venezuela, y se les ofreció la oportunidad de viajar a la frontera de Ecuador y Colombia, tensa por la actividad guerrillera de uno y otro lado del lindero.Un análisis de aquel acontecimiento, preparado por la Asociación de padres y familiares de las víctimas de Sucumbios recuerda así lo ocurrido en esa fecha hace ya tres años:”La masacre perpetrada por el ejército colombiano el primero de marzo de 2008 sobre un campamento de paz de relaciones internacionales de las FARC, en el sector de Angostura o La Ceiba, de la Parroquia Santa Clara, Cantón del Putumayo, provincia de Sucumbios en la república del Ecuador, es un claro ejemplo de crimen de lesa humanidad, donde se les arrebató la vida a 25 personas, cuatro de ellas estudiantes mexicanos y un civil ecuatoriano que se encontraban de visita.

“A los 25 minutos del primer día de marzo se inició el primer bombardeo sobre dicho campamento; el segundo ataque fue como a las tres de la mañana. En total cayeron sobre el campamento diez bombas de fragmentación de 250 kilogramos, cada una de ellas en un área de 600 metros cuadrados. El bombardeo fue de alta precisión pese a la oscuridad de la noche y la tupida vegetación propia de la región amazónica; la fuerza expansiva de cada uno de los mortíferos artefactos de muerte alcanzó un radio de 750 metros a la redonda; su estallido provoco cráteres de 2.40 metros de diámetro por 1.80 de profanidad. Después de los bombardeos, las tropas colombianas fuertemente armadas en helicópteros ametrallaron el campamento antes de ocuparlo por tierra; acto seguido, remataron algunos heridos con tiros en la espalda; el ciudadano ecuatoriano, a pesar de estar lesionado por bala fue muerto a golpes en la cabeza. Sólo sobrevivieron una estudiante mexicana y dos jóvenes colombianas; la mexicana resultó herida, amenazada y vejada por la tropa invasora. Cuando decimos que fue un claro crimen de lesa humanidad es porque contamos con elementos probatorios de una acción que se llevó a cabo con alevosía y ventaja, que la gente del campamento se encontraba durmiento, que no hubo ningún intento por capturarlos o solicitud de rendición a pesar de la superioridad numérica de los atacantes, así como de armamento e información de inteligencia.

A pesar de ellos, no respetaron la vida de civiles e invadieron un paz vecino rompiendo un tratado con Ecuador para resguardar la frontera en forma conjunta, Mintió el presidente colombiano cuando dijo que había sido una acción de guerra y que por error o por el mismo combate habían atravesado la frontera. Desde luego hay elementos que desconocemos hasta ahora, que sólo los asesinos conocen. Como ejemplo, el ministerio de Defensa de Colombia afirmó que la operación Fénix (así denominada por ellos) se realizó con cinco aeronaves Supertucano de fabricación brasileña. Pero el informe técnico de la Fuerza aérea de Ecuador desmiente dicha aseveración colombiana basándose en los fragmentos (aletas) de las bombas encontradas en el campamento, que no son compatibles con la plataforma de los Supertucanes, lo que hace suponer que los agresores fueron aviones de los Estados Unidos, que partieron de una base que aún ignoramos (y que pudo ser) la base de Manta en Ecuador o la base Tres Esquinas en Colombia”.

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